Una columna de hierro torsionado se alza firme desde la tierra dirigiendo la mirada hacia el cielo.
En su cúspide, la estructura se despliega en una corona radial de puntas agudas que evocan los rayos de un sol incandescente. La pieza captura el instante exacto en que la pesadez de la materia se disuelve en resplandor. Es un tótem de energía contenida donde el metal cede ante la calidez de un astro eterno, uniendo la hondura de la tierra con la inmensidad de la luz.
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