Fibonacci traduce la precisión matemática de la naturaleza al lenguaje de la materia metálica. La escultura, concebida para habitar la pared, despliega una espiral armónica construida en hierro que evoca tanto la sección áurea como las formas orgánicas de un caracol.
Las texturas rugosas y las soldaduras visibles contrastan con la rítmica geométrica de la curva, dotando a la pieza de un pulso vivo. Es un tributo al ritmo secreto que organiza el universo. El rigor del cálculo se funde con la sensibilidad del metal policromado.
Propiedad de María de los Ángeles López
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