Un cilindro metálico vertical se abre paso desde el suelo y se expande en su parte superior, como cediendo a la presión externa. Dos solapas divergentes aprisionan y sostienen un núcleo esférico erizado de púas. La obra corporiza la tensión y el forcejeo de los opuestos, donde la rigidez del tubo industrial choca con la apertura dinámica de los planos superiores. Es una metáfora plástica de la confrontación y el equilibrio inestable, un pulso latente entre la fuerza de contención y el impulso de liberación.
Propiedad de Maria Esther Musto
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