Esta obra despliega una progresión armónica que se eleva, marcando el tránsito inexorable de la materia hacia estadios superiores de complejidad. El juego superior, entre los planos metálicos y las texturas orgánicas, traduce visualmente la transformación y el impulso vital que anima la existencia. Es una celebración plástica del cambio constante, donde cada elemento narra la historia de un permanente devenir.
Propiedad de Mariel Heiz
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