En esta obra, la forma cambia con la mirada. Las estructuras geométricas, los reflejos y los espacios interiores producen una percepción inestable, donde lo sólido puede parecer transparente y lo estático adquiere movimiento. El acero inoxidable multiplica las imágenes y convierte la luz en parte de la obra. El espectador debe desplazarse para descubrir nuevas relaciones. La escultura plantea así una pregunta esencial: ¿vemos realmente aquello que tenemos delante o construimos nuestra propia realidad a partir de la percepción?
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